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Project Highlight: Santa María, Coahuila

Written by Guadalupe Abigail Salazar Celaya

Ciencia que se construye desde el territorio: una experiencia de diagnóstico comunitario con infancias de la Escuela Primaria “Presidente Benito Juárez” en la comunidad de Santa María, Municipio de San Juan de Sabinas, Coahuila, México.

Esta experiencia se enmarca en los esfuerzos de articulación impulsados desde la red de Investigación con Perspectiva de Género de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde la convergencia entre el Centro de Investigación en Geociencias Aplicadas (CIGA) y el Instituto de Investigación para el Desarrollo Integral de la Mujer Universitaria (IIDIMU) de esta universidad dio lugar al proyecto Geociencias y equidad de género en la educación infantil a cargo de la Dra. Lisbett Susana Materano Escalona, que más allá de una intervención puntual, este proceso se configuró como un ejercicio de ciencia comunitaria, en el que el conocimiento no se traslada, sino que se construye desde el territorio y con quienes lo habitan, resignificando el quehacer científico como una práctica situada, construida en diálogo con los saberes locales y con un enfoque incluyente que reconoce a las infancias como actores centrales en la producción de conocimiento. 

Bajo esta premisa, el desarrollo de un diagnóstico comunitario participativo en Santa María, caracterizada como una comunidad rural-minera, se asumió no solo como una etapa inicial, sino como una apuesta metodológica y epistemológica para comprender cómo las niñas y los niños interpretan su entorno, particularmente en contextos donde la minería y las dinámicas ambientales forman parte de su vida cotidiana instrumentando un acercamiento al entorno y a las dinámicas comunitarias que permitiera reconocer que el conocimiento ya existe en la comunidad en un nivel empírico y que el verdadero desafío radica en acompañar su tránsito hacia formas de comprensión más estructuradas que deriven en narrativas científicas. 

Así, el proyecto “Promoviendo la educación ambiental en comunidades rurales-mineras: Geociencias para las infancias no solo busca divulgar la ciencia, sino activar procesos de apropiación, reflexión y proyección que vinculen el conocimiento con la vida comunitaria.

El diagnóstico partió de una premisa fundamental: las niñas y los niños no son receptores pasivos de conocimiento, sino sujetos capaces de interpretar, narrar y explicar su entorno, por lo que el diseño de la metodología de intervención no fue pensado para enseñar geociencias en un sentido convencional, sino para activar procesos de reconocimiento y reflexión a partir de la experiencia cotidiana. 

La primera aproximación consistió en la identificación del territorio, donde el grupo logró ubicar espacialmente su comunidad y reconocer sus elementos más significativos; este ejercicio, en apariencia sencillo, evidenció no solo una comprensión clara del entorno, sino también las formas diferenciadas en que niñas y niños lo habitan, revelando cómo el género incide en la manera de percibir y recorrer el espacio al identificar y nombrar las actividades relacionadas con la vida cotidiana y las prácticas comunitarias,  evidenciando una organización social en la que persisten roles de género diferenciados, particularmente en la asignación de tareas y en la movilidad de niñas y niños.

Las cartografías comunitarias como metodología de trabajo hicieron posible la articulación de elementos naturales, sociales y productivos en una misma narrativa, integrando aspectos como el suelo, el agua y la actividad minera en el contexto de las dinámicas comunitarias como plataforma empírica para la reinterpretación del territorio, permitiendo construir un andamiaje con referentes vivenciales revelando como las niñas y los niños poseen un conocimiento situado complejo en el que convergen dimensiones ambientales, sociales y culturales que se encuentra mayormente en un nivel empírico, lo que evidencia la importancia de procesos de divulgación científica que permitan traducir la experiencia en narrativas científicas que a partir de ejercicios que transitan de “lo que hay” al “por qué es así”, permitan ampliar las posibilidades de interpretación y apropiación científica del entorno.

Desde esta experiencia, la ciencia comunitaria se revela como una forma de reconfigurar la relación entre conocimiento y sociedad, lo que implica reconocer que las comunidades no son espacios borrosos a donde se lleva la ciencia, sino territorios donde el conocimiento ya existe, se construye y se transmite y donde el papel de la divulgación científica adquiere una dimensión estratégica, al permitir que ese conocimiento se fortalezca, se nombre y se proyecte hacia nuevas formas de comprensión y acción donde la ciencia deje de ser un discurso externo para convertirse en una herramienta que permite nombrar, comprender y cuidar lo que ya forma parte de la vida comunitaria que se construye en diálogo con las comunidades, reconociendo la diversidad de saberes y no solo como una opción metodológica, sino como una necesidad ética y política que reconoce a las mujeres y las niñas como productoras de conocimiento científico y que las infancias más que ser asumidas como objetos de protección, se les reconozca como sujetas de participación.

Este proyecto que se concibe en el marco de la divulgación y el impulso de vocaciones científicas en la infancia permite consolidar el trabajo de las científicas comunitarias al proponer metodologías que trasciendan de un simple acercamiento a información científica en contextos donde el conocimiento técnico está presente pero no necesariamente apropiado desde edades tempranas, hacia estrategias participativas que permitan a niñas y niños comprender los fenómenos que configuran su territorio y reconocerse como agentes generadores de conocimiento, considerando además que la incorporación transversal de la perspectiva de género en estos abordajes metodológicos garantiza que estas oportunidades se distribuyan de manera equitativa, evitando la reproducción de desigualdades y consolidando una práctica científica más inclusiva, pertinente y socialmente comprometida.


Science built from within: a community based assessment with children from the “President Benito Juárez” Primary School in the community of Santa María, Municipality of San Juan de Sabinas, Coahuila, Mexico.

This experience is part of broader efforts led by the Gender Perspective Research Network at the Autonomous University of Coahuila. Through collaboration between the Center for Research in Applied Geosciences (CIGA) and the Institute for the Comprehensive Development of University Women (IIDIMU), the project “Geosciences and Gender Equity in Early Education” emerged, led by Dr. Lisbett Susana Materano Escalona. More than a one-time intervention, this work became an exercise in community-based science, where knowledge is not transferred but built from within the community and alongside those who live in it. In this sense, scientific practice is reimagined as something grounded, shaped through dialogue with local knowledge and through an inclusive approach that recognizes children as key actors in sharing knowledge.

Under this premise, a participatory community assessment was developed in Santa María, a rural mining community. Rather than being just an initial step, it served as a methodological approach to understand how children interpret their environment. In contexts where mining and environmental dynamics are part of daily life, this work highlighted that knowledge already exists within the community at an experiential level. The challenge lies in supporting its development into more structured forms that can become scientific narratives.

The project Promoting Environmental Education in Rural Mining Communities: Geosciences for Children aims not only to share science, but to foster processes of reflection, ownership, and connection between knowledge and community life. The assessment was grounded in a key idea: children are not passive recipients of knowledge, but individuals capable of interpreting, narrating, and explaining their surroundings. For this reason, the methodology was not designed to teach geosciences in a conventional way, but to spark recognition and reflection rooted in everyday experience.

The first step focused on identifying the territory. Children were able to locate their community and recognize its most meaningful elements. This exercise revealed not only a strong understanding of their environment, but also differences in how girls and boys experience it. It showed how gender shapes spatial perception, daily activities, and mobility. Through community mapping, natural, social, and productive elements were brought together into a single narrative. Soil, water, and mining activities were understood within the broader context of community life. This created a bridge between lived experience and environmental interpretation, showing that children hold complex, situated knowledge that integrates environmental, social, and cultural dimensions.

However, much of this knowledge remains at an experiential level. This highlights the importance of science communication processes that help move from “what is” to “why it is,” expanding opportunities for understanding and engaging with the environment. From this perspective, community science offers a way to rethink the relationship between knowledge and society. Communities are not places where science is delivered, but spaces where knowledge already exists, is created, and shared. Science communication plays a key role in strengthening and amplifying this knowledge, helping transform it into new forms of understanding and action.

This approach recognizes diverse ways of knowing as an ethical and political necessity. It highlights women and girls as producers of scientific knowledge and recognizes children as active participants rather than passive subjects. Ultimately, this project contributes to fostering scientific curiosity in children by promoting participatory approaches that go beyond simply sharing information. It enables children to better understand their territory and see themselves as knowledge creators, while integrating a gender perspective to ensure more equitable, inclusive, and socially engaged scientific practices.

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